Tensión en las relaciones comerciales entre EE. UU. y la UE
En el mundo de hoy, las tensiones geopolíticas y las disputas comerciales van de la mano, influyéndose mutuamente de formas muy complejas. La guerra en Ucrania y las medidas proteccionistas de Estados Unidos han transformado el panorama internacional, obligando a Europa —y a España dentro de la UE— a replantearse sus estrategias en seguridad y comercio.
La crisis en Ucrania ha cambiado radicalmente el equilibrio de poder. Por un lado, se han iniciado conversaciones inusuales en las que figuras como Donald Trump, con el respaldo de Vladimir Putin, han intentado buscar una salida al conflicto. Sin embargo, los líderes europeos insisten en que la paz en Ucrania no se puede lograr sin la participación activa de Europa. Mientras tanto, Estados Unidos ha dejado claro que no apoyará la adhesión de Ucrania a la OTAN, ni ofrecerá ayuda militar tras un eventual acuerdo, lo que obliga a Europa a redefinir su enfoque en materia de seguridad.
Para poner esto en perspectiva, según datos del Banco Mundial, la guerra ha provocado una caída del 30% en el PIB de Ucrania durante 2023. A la vez, la Unión Europea ha destinado más de 77.000 millones de euros en asistencia para Kiev. Mientras que EE. UU. ha destinado un total de 109.300 millones de dólares desde el inicio del conflicto ucraniano. Por su parte, Rusia ha intentado estabilizar su economía reorientando sus relaciones comerciales hacia países como China, India y otras economías emergentes.
Ante este escenario, el Consejo de Comercio de la UE ha reafirmado su compromiso con un sistema comercial basado en reglas, tratando de evitar que se inicie una guerra comercial de mayores dimensiones. Se están considerando diversas estrategias para disminuir el impacto económico y reducir la dependencia del mercado estadounidense.
No solo Estados Unidos y Europa están en el centro de esta historia. China e India, por ejemplo, están desempeñando roles decisivos. China ha aumentado sus importaciones de energía desde Rusia para contrarrestar las sanciones, mientras que India ha aprovechado la situación para diversificar su abastecimiento de hidrocarburos. Además, el comercio entre China y la UE superó los 900.000 millones de euros en 2023, lo que demuestra la relevancia de esta relación. Por otro lado, países de América Latina, como Brasil y México, se han convertido en alternativas importantes para el suministro de materias primas a la UE.
¿Cómo pueden afectar las medidas comerciales anunciadas por Trump a la UE en general, y a España en particular?
Las políticas proteccionistas de EE. UU. pueden encarecer las exportaciones europeas, afectando a la competitividad de sectores clave y, en última instancia, impactando en la economía de España y otros países de la UE.
Por otro lado, Eric Dor, de la Escuela de Administración IESEG, señala que los aranceles del 25 % impuestos por Trump a México y Canadá, y del 10 % a China, podrían disminuir el PIB de Canadá en un 3 %, con un impacto aún mayor en México.
Europa se vería menos afectada por dos razones: EE. UU. importa menos desde la UE que desde Canadá y México, y los bienes europeos exportados, como coches de lujo alemanes y productos farmacéuticos costosos (como el Ozempic), tienen una demanda menos sensible a los precios.
Sin embargo, estas estimaciones son inciertas. Bloomberg Intelligence advierte que los efectos podrían cambiar según la evolución de las negociaciones. Además, Varg Folkman, del European Policy Centre, destaca que la apreciación del dólar tras los anuncios de Trump podría reducir la competitividad de las exportaciones estadounidenses y, paradójicamente, beneficiar a la UE. Por tanto, la cotización del dólar y la evolución de la conversión dólar-euro serán decisivas en las próximas semanas.
¿Qué productos pueden verse más impactados?
Hay una gran variedad de productos que exportan España y la UE que podrían verse afectados por la imposición de aranceles por Trump. Entre ellos, los productos del sector agroalimentario, tales como el vino que exporta España, que en 2022 llegó a 380 millones de euros, o el aceite de oliva con 250 millones de euros.
Los sectores que más se verán afectados son aquellos relacionados con el acero y el aluminio, los productos agroalimentarios y algunos bienes tecnológicos, debido a su alta dependencia del comercio transatlántico.
Si hablamos del sector de Automoción, se debe recalcar que es uno de los tres principales productos que exporta la UE a Estados Unidos, alcanzando €1.6 mil millones en 2022. Por tanto, el nuevo mandato de Trump y todo lo que conlleva pondría a la UE en una situación crítica, teniendo en cuenta que en los últimos años el comercio entre estos dos se ha duplicado.
¿Hay opción de comprar los productos que más importamos de EE. UU. a otros países?
Sí, existe la posibilidad de buscar proveedores alternativos en otras regiones como Asia, América Latina o incluso África. Esto podría ser especialmente útil para sectores que importan maquinaria industrial, productos químicos y tecnología avanzada.
¿Hay opción de vender los productos que más exportamos a EE. UU. a otros países?
De igual manera, diversificar destinos de exportación es una alternativa real. Mercados emergentes en Asia, Oriente Medio o América Latina están mostrando un creciente interés en los productos europeos, lo que puede ayudar a reducir la dependencia del mercado estadounidense.
¿Qué otras medidas se podrían tomar desde la UE para mitigar el impacto?
Además de diversificar proveedores y mercados, la UE podría fortalecer sus acuerdos comerciales con otros bloques económicos (por ejemplo, acelerando negociaciones con el Mercosur, o el acuerdo con Canadá (2017), “El CETA”), impulsar la reindustrialización interna para aumentar la autosuficiencia y reforzar el mercado único. Todo ello contribuiría a mantener la estabilidad económica y a enfrentar futuras crisis comerciales de manera más coordinada.
En resumen, el escenario actual nos muestra la importancia de una respuesta unificada y estratégica. Las medidas proteccionistas de EE. UU. podrían encarecer productos y afectar a la competitividad, pero existen alternativas, tanto para importar como para exportar, que pueden ayudar a diversificar riesgos. La clave para la UE y España está en adaptarse a estos cambios, modernizar sus políticas económicas y fortalecer sus relaciones internacionales, para seguir siendo competitivos en un mundo cada vez más incierto. En concreto, la UE necesita contar con su propia energía, seguridad, e industria.
